Marta ya no quería vivir, no ahora, quizás en otra vida.
Un paro cardíaco la acabó, pero fueron la indiferencia, el rechazo y las apariencias la que la mataron, poco a poco. ¿Quién dijo que esas cosas no matan?
Tenía 16 años, hija de “buena familia”, típica adolescente capitalina con amigos, novio y muchos sueños. Probablemente era buena en inglés y no le emocionaban las clases de sociología. Muy típico, ¿verdad? Pero la nausea al oler su perfume favorito, los vómitos matutinos y los constantes mareos la hicieron descubrir que eso no era tan típico. La pruebita sólo lo confirmó. Estaba embarazada desde hacía dos meses. “Pero si el condón nunca falla, ¿y ahora? Estoy bien pizada”.
Se asustó, pero decidió tener al bebé, dado que era lo correcto, quería asumir su responsabilidad. “-Carlos, estoy embarazada-.” “-¡Ala puta! ¿y ahora qué hacemos?-“Carlos también estaba asustado. El se preocupaba por quién ganaba
Lo bueno es que le encontraron una solución rápida, gracias a la prensa. “Cirugías íntimas”, se leía en el cártel medio despintado donde fue forzada a entrar para expulsar ese estorbo que le crecía dentro. Las paredes más parecían de carnicería que de clínica, pero Marta se quedó callada, sollozando.
Pero cómo le dijeron sus papás, ese no era su destino.
El estorbo ese quería quedarse, y se quedó, o al menos un pedacito. Le carcomió sus entrañas, y Marta empezaba a pudrirse. Una nueva operación era necesaria, esta vez no en esa clínica, sino en un hospital de “caché”. Al menos esto no parecía carnicería. Al menos ya no tendría estorbos jamás. Al menos sin matriz ya no tendría preocupaciones.
Pobre Marta. Estaba devastada. Pero seguro fue su culpa. Era el precio de su pecado. Al fin y al cabo era una asesina, o al menos cómplice de su propia desdicha. ”Ella se lo buscó, esa es la paga del pecado.”
Días después, regresó al mismo hospital de caché, muriendo nuevamente por dentro. Su corazón se cansó de latir, al final y al cabo no tenía sentido vivir. Cerró los ojos, pidiendo perdón por su pecado, sabiendo que fue su culpa desde el principio.
Marta nunca más pudo ver a Carlos. Nunca pudo decirle nuevamente que lo amaba, como sólo se ama al primer amor. Marta murió sin novio, sin amigos, sin inglés. Pero al menos ya no sentía. Al menos ya no le dolía. Al menos se consoló con la idea de que vería a su problema. Al menos ya no sería un dolor de cabeza para la familia.
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Historia basada en la vida real. Marta (nombre ficticio) murió hace 2 días, en un hospital capitalino de Guatemala en la zona 15. Su cuerpo viaja hacia algún país sureño para ser enterrada, de dónde es alguno de sus padres. Era amiga de mi hermana que tiene la misma edad, ¿parece eso normal? ¿Morir a los 16?
No quiero vivir en un país así, dónde un crimen es impune y las apariencias importan más que la justicia y la vida. Prolife or Prochoice...de cualquier manera, pero NO DE ESTA MANERA. Como guatemalteco y ser humano, me siento triste, indignado, cólerico.
Descanse en paz, libre al fin.
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