Mundo de Jesús
Ya han pasado 4 meses desde la partida de Mundo y aún siento la presencia de ese gigante noble.
Fue el perro más noble y fuerte que he conocido, quién fuera la pasarela entre las diferentes generaciones de perros en mi familia.
A los meses de haber nacido, casi muere del parvovirus que se llevó a su hermana Moka.
Después de algún tiempo, tuvo que decirle adiós a su primera mamá para ser recibido en nuestra casa. Nosotros nos recuperábamos de la muerte de Peluche, nuestro perro de 15 años y poco a poco vino a darnos vida. A la primera fue a Lana, quién vivió su último año con mucha más energía y ganas y a quién Mundo acompañó hasta el final.
Unos meses más tarde, le dio la bienvenida a Ita, quién se volvió su hija inseparable, a pesar del susto que tuvo la cachorrita al ver a semejante animal de 150 libras. Se acompañaron mutuamente, hasta que Ita falleció prematuramente. A ella le gustaba acostarse en el lomo de Mundo desde cachorrita, dónde se acomodaba aún cuando su cuerpo alargado no le permitía estar completamente encima de él.
Luego vino Pelusa, con quién le tomó más tiempo acercarse, pero que se volvió nuevamente su papá. Ella jugaba alrededor de él, mientras la observaba. Meses antes de irse, conoció a Momo, quién no entendía porque no se levantaba para jugar con él.
Después de mudarme(nuevamente) al extranjero y regresar a Guatemala a la casa, siempre esperaba ver la reacción de Mundo al entrar a casa: siempre fue una fiesta completa, con lamidas de cara y pequeños saltitos de su parte, a pesar del dolor que le causaba en su cadera. Yo llegaba y me pedía salir a la calle. Dimos muchos paseos juntos: con Lana, con Ita, con Pelusa y hasta con Momo. Pidió salir a la calle hasta su última noche y muchas veces sólo quería acostarse afuera.
Sabía que yo era el eslabón débil que le daba comida si lo pedía. Esta última vez, le costaba moverse, así que ladraba para que yo le llevara la comida a su lugar. Yo lo hice, a veces quejándome, la mayoría de veces riendo.
Dos o tres noches antes de que muriera, me apareció en un sueño. Estaba corriendo y feliz y se lanzaba desde una colina haciendo un mortal en el aire y aterrizando de panza. Una vez aterrizado, seguía deslizándose. Se le veía muy feliz.
Gracias por todos estos años mi negrito, gracias por tu gran presencia, por subirte a mi cama para dormir aunque ocuparas más de la mitad del espacio. Gracias por las alegrías y acompañarnos en momentos difíciles. Tu fortaleza fue única. Esperaste que volviera nuevamente de viaje, que disfrutáramos unos días juntos antes de irte. Te quiero siempre Mundito

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